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Navegamos toda la tarde y llegamos frente a Hoga como a las 7:00 hrs de la mañana del día siguiente.

Llegando a Hoga


El bungalow en Hoga

  • Enamorada del lugar

Antes de bajarnos del Barco PELNI, tuve la suerte de conocer a una enfermera Inglesa de la Operación Wallace, Karen. Muy amable y cariñosa.

Stan, Luca (un italiano treintón que conocimos en Pulau Weh hace 2 meses. Trabajaba en un "fancy Pub" en Londres) y yo tratamos de irnos a Hoga en el barco de la Operación Wallace, pero, el jefe, un inglés antipático no lo autorizó.

Karen, al vernos desesperados nos presentó a otro inglés de la Operación Wallace, el gran y muy conocido Mr.Ben. Mr. Ben usaba un pequeño sombrero de paja tejida , como los que usan los musulmanes. Lo usa así, sin ala, para tostarse su cara y no quemarse la cabeza.

Este gringo nos ayudó realmente. Nos mandó a dejar con su chofer a un buen restaurant.

Ahí, ya más relajados, ordenamos nuestro almuerzo y también todo lo que iríamos a comer durante la noche en el barquito que por fin nos llevaría a Hoga.

El barco de madera iba atiborrado de pasajeros indonesios con todo tipo de cachivaches y no faltó el gallo de pelea que viajara junto a Stan. Luca iba resultando un excelente compañero de viaje.

Navegamos toda la tarde y llegamos frente a Hoga como a las 7:00hrs de la mañaana del día siguiente.

Gracias a los buenos consejos de Mr. Ben, llegamos en 1 medio de transporte desde Bau-Bau.

Hoga_1.jpg

Esa noche fue extenuante para mi. No pude dormir en el suelo de la cubierta del barquito indonesio por ser mortalmente duro. Afortunadamente la temperatura durante la navegación era exquisita y la luna salió en el horizonte roja, roja infernal…poco a poco se fue volviendo blanca y más lejana…

Frente a HOGA nos trasladamos cuidadosamente a una canoa en plena alta mar. Stan, Luca y yo con nuestras 3 mochilas. La canoa iba a mando de una mujer madura, hermosa.

No podíamos casi respirar, porque la canoa se balanceaba con cualquier pequeño movimiento. 10 minutos después nos bajamos en una playa de arena blanca. Era el 24 de Agosto 2002.

Como por encanto apareció un isleño anciano que tomó mi mochila y desapareció. Lo seguimos, los senderos eran de corales muertos, muy resbaladizos y durísimos si te caes sobre ellos.

El anciano, el "old man", como le puso Stan, depositó mi mochila sobre la terraza de un bungalow muy lindo que estaba bajo unos árboles añosos y al fondo se veía el mar, el Mar de Flores.

A los 5 minutos teníamos sobre nuestra mesita de la terraza un plato con pequeños queques rellenos con dulce de coco. Una cajita con té en hoja y otra con café molido y un gran termo con agua caliente. ¡¡¡ Parecía un milagro !!!

Un milagro de esos que ocurren sólo en el Paraiso. Me enamoré enseguida de aquel lugar.

Con pena porque el Gringo Stan, reclamaba porque salía caro. Precio de espanto = US$ 7 - pesos chilenos $ 4.900.-

Valor que comprende: arriendo bungalow nuevo, con camas limpias, baño afuera, 3 comidas.

Juanita


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